En el centenario de la Revolución Socialista de Octubre nos toca: aprender, luchar y avanzar


Este año nuevo que acaba de empezar nos trae grandes retos y tareas. 2017 será todo un año lleno de luchas y batallas que tendremos que afrontar la juventud trabajadora de nuestro país. Pero todos estos episodios venideros de la lucha de clases estarán condicionados por la siguiente efeméride: el centenario de la Gran Revolución Socialista de Octubre.

La toma del poder por parte de la clase obrera, en lo que fue la antigua Rusia zarista, supuso un hito histórico no solo para la juventud sino para el conjunto de la Humanidad. Consideramos que todas las luchas actuales de la juventud están impregnadas de una forma u otra del espíritu de Octubre y, por eso, en este 100 aniversario nos gustaría recordar ciertas enseñanzas y aspectos de la Revolución de Octubre que hoy en día siguen totalmente vigentes.


Campaña 100 años Revolución Octubre web


Durante 2017 los CJC participaremos en numerosas actividades a todos los niveles (local, regional, estatal e incluso internacional) y publicaremos una variedad de artículos con el fin de conmemorar y socializar las enseñanzas de Octubre. Sin embargo, todo este ímpetu que los CJC pensamos realizar por el centenario, no pretende ser algo meramente memorialista, histórico o nostálgico. Nuestra responsabilidad es analizar todos los hechos sucedidos previamente, durante y después de la construcción socialista en la URSS para poder extraer valiosas enseñanzas prácticas en nuestra batalla contra el capitalismo español y mundial, y de esa forma poder enriquecer con nuestra experiencia política la ciencia del marxismo-leninismo.

Aunque en los próximos meses, cuando llevemos a cabo las actividades anteriormente mencionadas, vayamos a desarrollar más los aspectos sobre las enseñanzas de la revolución llevada a cabo por el Partido Bolchevique, nos gustaría señalar como introducción al centenario ciertos elementos fundamentales.

En primer lugar consideramos que la toma del poder por parte de la clase obrera en 1917 abrió una nueva etapa histórica: la época de transición del capitalismo al socialismo. Esta afirmación no implica que la sociedad socialista se vaya a instaurar de forma inmediata. Significa que nos encontramos ante una etapa histórica, en la cual las condiciones materiales abren paso, y a su vez exigen, el tránsito a la nueva sociedad socialista-comunista. La crisis, la depauperación relativa y absoluta de nuestras condiciones de vida y paradójicamente el aumento de las ciencia, la tecnología y las capacidades productivas no son más que indicadores que confirman esta cuestión.(1)

A pesar de que la propaganda anticomunista intente negar este hecho con los fatídicos sucesos de  finales de los 80 y principios de los 90, los CJC consideramos que el triunfo de la contrarrevolución en la URSS y los países del Este no niegan el hecho de que nos encontramos en el periodo de transición del capitalismo al socialismo. Simplemente haciendo un análisis científico-histórico de las formaciones socio-económicas predecesoras al socialismo, veremos cómo en ningún momento de la historia de la humanidad una formación socio-económica dio el paso a una nueva de forma lineal, sin contradicciones ni retrocesos temporales. El propio transito del feudalismo al capitalismo confirma esta tesis con numerosos ejemplos, donde observamos cómo los retrocesos temporales en la época de las revoluciones burguesas no lograron parar la tendencia histórica de la abolición del feudalismo. El mismo proceso ocurre en nuestra época, siendo ésta parte del periodo, ya abierto, de las futuras revoluciones proletarias.(2)

Yendo a lo concreto, la victoria exitosa de la primera revolución socialista del mundo (teniendo en cuenta que la Comuna de París no pudo sostenerse durante mucho tiempo) nos mostró a la clase obrera y la juventud del mundo que las reivindicaciones por las que los oprimidos luchamos no son fruto de una fantasía en la mente de unos pocos, sino que son algo realizable. Así, en un breve lapso de tiempo, se construyó sobre la antigua Rusia zarista una sociedad libre de explotación del hombre por el hombre, donde la mujer y el hombre se convirtieron en el centro del desarrollo social y económico. Una sociedad donde además, se marcó como objetivo fundamental de la sociedad la plena satisfacción de las necesidades crecientes de todos los miembros de la misma, junto con el impulso de su desarrollo integral y multifacético.(3)

Mientras las y los jóvenes de nuestro país sentimos cada vez más apatía y resignación hacia los órganos del Gobierno y el Estado, mientras la juventud vivimos con la constante presión de vernos avocados al paro forzoso y por consiguiente a no tener los recursos necesarios para nuestra propia manutención, la juventud en la URSS y de los demás países socialistas disfrutaban del pleno empleo y de la participación en los órganos de poder soviético junto con el resto de la clase obrera y capas populares. Es más, la juventud antes de terminar su último año de estudio ya tenía firmado el primer contrato en el sector que le correspondiese, de la misma forma que se responsabilizó legalmente a las propias empresas la tarea de garantizar la continuidad laboral en otro centro de trabajo similar en el caso de que tuvieran que cerrar o reducir la plantilla.

Lo mismo podemos decir de la situación del estudiantado. Actualmente seguimos padeciendo la subida de las tasas, la reducción de las becas, el empeoramiento de la calidad de nuestras aulas (con la masificación de las clases, el deterioro de la infraestructura y materiales educativos, etcétera) y la pérdida de los pocos derechos democráticos que había en los centros de estudio. Contrariamente, las y los estudiantes soviéticos tenían garantizado el acceso a la educación a todos los niveles de forma gratuita y de calidad, incluyendo todos los materiales necesarios para ejercer los estudios. Del mismo modo el estudiantado participaba de forma efectiva en la toma de decisiones en los distintos centros de estudios (conjuntamente con el resto de personal académico y de servicios) y a su vez el Estado socialista garantizaba infraestructura y tecnología punta.

Podríamos seguir enumerando grandes logros que la Revolución de Octubre legó a la juventud del mundo, como en materia de sanidad o en acceso al deporte y a la cultura. Esta es la razón por la que los CJC consideramos que todas las justas reivindicaciones que realizamos las y los jóvenes en nuestro país, están impregnadas de una forma u otra del espíritu de Octubre.

Todos estos triunfos de la sociedad soviética en el ámbito juvenil nos dan una gran lección a los CJC como Juventud Comunista. Y es que, para lograr ser verdaderamente una organización de miles, tenemos que saber expresar las justas reivindicaciones concretas de la juventud y ser capaces de organizar a amplias masas juveniles en torno a ellas, con el fin de que eleven su capacidad política y adquieran experiencia propia en la, siempre compleja, lucha de clases. Del mismo modo, para poder ser fieles a las enseñanzas de Octubre, la Juventud Comunista tenemos que ser capaces de, con los pies en la tierra, aglutinar al conjunto de la juventud en la batalla general contra el capitalismo. En otras palabras, adquirimos el compromiso de tratar de integrar cada conquista parcial en la lucha por el derrocamiento del poder de los monopolios, tratamos de hacer comprender a esos miles de jóvenes que cada conquista parcial es efímera bajo el capitalismo y que la única garantía de su permanencia pasa por la construcción del poder obrero y la planificación central de la economía: la nueva sociedad socialista-comunista.(4)

Por último, el actuar de las y los bolcheviques en la Gran Revolución Socialista de Octubre también nos ofrece una valiosísima enseñanza de principios: el internacionalismo proletario. Los monopolios de las grandes potencias capitalistas, en los albores de la I Guerra Mundial, promovieron la guerra para poder remontar su propia crisis. Con el fin de defender sus intereses utilizaron a la clase obrera y a la juventud como carne de cañón en sus conflagraciones militares. Simultáneamente pusieron en funcionamiento toda la maquinaria ideológica y propagandística necesaria para que la clase obrera y la juventud proveniente de los estratos populares asumieran el rol de "defensa de la patria" en contra de los "enemigos extranjeros". En este contexto el imperialismo encontró en el oportunismo político la comparsa perfecta con la que poner a la juventud a luchar bajo pabellón ajeno.

Ante esta situación, que guarda grandes paralelismos con la actualidad, los comunistas coherentes desarrollaron toda una política internacionalista consecuente. Clarificaron las causas de la guerra y rechazaron todos los planteamientos políticos social-chovinistas. Para evitar que un siglo más tarde  la juventud volvamos a derramar nuestra sangre por unos intereses que no nos corresponden, los CJC recogemos el testigo de la lucha por los principios del internacionalismo proletario.

En última instancia, esta afirmación implica clarificar que el imperialismo, es el capitalismo de los monopolios. Es decir, que el imperialismo es el capitalismo en su desarrollo contemporáneo y que por lo tanto no se basa en la potencia que “ataque primero” o que más belicosa se muestre en la palestra internacional.(5) Un verdadero homenaje a las enseñanzas de la Revolución de los Soviets implica evitar que la juventud caiga presa de los intereses de una determinada potencia imperialista (independientemente de cual sea esta) y hacer que combata a la burguesía y al poder de los monopolios sean nacionales o extranjeros. Del mismo modo, y eso es lo verdaderamente difícil, hemos de ser capaces, como hicieron las y los bolcheviques, de utilizar las contradicciones inter-imperialistas para colocarnos en mejores condiciones de asestar el golpe definitivo a los gobiernos burgueses.

En definitiva, con el marxismo-leninismo como concepción integral del mundo, la cual nos dota de las herramientas necesarias para afrontar los retos que se aproximan, y armados de la experiencia universal de la Gran Revolución Socialista de Octubre y de las experiencias contemporáneas en las luchas lograremos vencer, porque:

 

El socialismo es la exigencia de nuestros tiempos y el comunismo, la juventud del mundo.

 

Comisión Política de los Colectivos de Jóvenes Comunistas

12 de enero de 2017

 

(1) Sobre la base material existente que garantiza el salto hacia la nueva sociedad socialista-comunista resulta muy interesante la reflexión de Lenin al respecto: "Cuando una gran empresa se convierte en gigantesca y organiza sistemáticamente, apoyándose en un cálculo exacto con multitud de datos, el suministro de las dos terceras o las tres cuartas partes de las materias primas necesarias para decenas de millones de personas; cuando se organiza sistemáticamente el transporte de dichas materias primas a los puntos de producción más adecuados, a veces separados entre sí por cientos y miles de kilómetros; cuando un centro dirige las sucesivas fases de transformación de las materias primas en numerosos productos elaborados; cuando estos productos son distribuidos entre decenas y centenares de millones de consumidores (venta de combustibles en Estados Unidos y Alemania por el trust petrolero estadounidense) conforme a un plan único, entonces es evidente que nos hallamos ante una socialización de la producción, y no ante un simple “entrelazamiento”, que las relaciones entre la economía y la propiedad privadas constituyen un envoltorio que no se corresponde ya con el contenido, envoltorio que necesariamente se descompondrá si su eliminación se retrasa artificialmente, envoltorio que puede permanecer en un estado de decadencia durante un período relativamente largo (en el peor de los casos, si la curación del grano oportunista se prolonga demasiado), pero que, sin embargo, será inevitablemente eliminado."

 

(2) Por esta razón los bolcheviques categorizaron nuestra época, la del imperialismo, como la "época de las revoluciones proletarias". Lenin sintetizó esta reflexión en su famosa obra "El imperialismo, fase superior del capitalismo" afirmando que "El imperialismo es el preludio de la revolución social del proletariado. Esto ha sido confirmado, en una escala mundial, desde 1917." Igualmente Stalin, siguiendo la misma línea de pensamiento, en el X aniversario de la Revolución, recordaba que la Revolución de Octubre tenía un carácter internacional y que "esto significa que la Revolución de Octubre inició una nueva época, la época de las revoluciones proletarias en los países del imperialismo."

 

(3) No es casualidad que el II Congreso del POSDR en su primer Programa afirmase que "al sustituir la propiedad privada de los medios de producción y circulación por la propiedad social, y al instaurar la organización planificada del proceso social de producción para asegurar el bienestar y el desarrollo universal de todos los miembros de la sociedad, la revolución social de proletariado acabará con la división de la sociedad en clases, con lo que liberará a toda la humanidad oprimida."

 

(4) En esta misma dirección Lenin reflexionaba sobre la dialéctica existente entre las luchas parciales y la batalla general contra el capitalismo. En el artículo "Tareas urgentes de nuestro movimiento" podemos ver una sencilla síntesis de esta cuestión: "Debemos recordar que la lucha reivindicativa contra el Gobierno y la conquista de ciertas concesiones no son otra cosa que pequeñas escaramuzas con el adversario, ligeras refriegas en las avanzadillas, y que la batalla decisiva está por venir."

 

(5) Una vez más Lenin en "El imperialismo, fase superior del capitalismo" se refiere al imperialismo de la siguiente forma: "El imperialismo es, por su esencia económica, el capitalismo monopolista. Esto determina ya el lugar histórico del imperialismo, pues el monopolio, que nace única y precisamente de la libre competencia, es el tránsito del capitalismo a una estructura económica y social más elevada."

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